La escaleta explosiva de Gonzalo Miró que nadie se esperaba

Un ciudadano de Móstoles madruga cada día a las 6:30 horas para tomar el tren de Cercanías desde la estación de Móstoles Central, un andén frío, desangelado y carente de comodidades, que a esa hora de invierno parece más bien la entrada a una mina que a la capital. Durante 25 minutos viaja apiñado en un vagón, entre toses, olores y empujones de pasajeros con mochilas de gimnasio, rumbo a su jornada laboral en Madrid. Es el ritual silencioso de miles de trabajadores que, entre la escasez de luz invernal y el peso de las obligaciones, sueñan con un respiro: pagar la hipoteca, pasar más tiempo con la familia, vivir sin cansancio perpetuo. Algunas mañanas, abre su banca online solo para confirmar que, no, no ha habido ningún error de un millón de euros en su cuenta.

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El peso de los impuestos y la indignación silenciosa

En la oficina, mientras Silvia Intxaurrondo desgrana las noticias en La 1, el ciudadano recuerda que acaba de leer sobre su demanda por cuestionar su salario en RTVE. No recuerda la cifra exacta —"no sé cuántos miles al año"—, pero lo que sí sabe es que ese sueldo procede, en parte, de la diferencia entre lo que él y sus compañeros ganan en bruto y lo que reciben en neto: aportaciones que alimentan un sistema del que, según siente, apenas obtienen a cambio servicios dignos ni justicia redistributiva.

Alrededor, sus compañeros de trabajo representan una muestra variada de la España contemporánea: el divorciado con polo de marca, el que defiende causas internacionales con pasión, el calvo que nunca se quita los auriculares y quien no deja de hablar de series y política. Todos pagan impuestos. Todos se preguntan, en silencio, para qué sirve ese dinero.

SEPI, corrupción y medios públicos

  • La Sociedad Estatal de Participaciones Industriales (SEPI) vuelve al centro del debate tras las detenciones ordenadas por la Unidad Central Operativa (UCO), incluyendo a su expresidente vinculado a Servinabar, empresa de Santos Cerdán y Antxón Alonso, investigada por presuntas comisiones ilegales.
  • RTVE, integrada en el grupo de empresas públicas bajo el paraguas de la SEPI, se encuentra en el foco por su financiación y el papel de sus presentadores. Silvia Intxaurrondo, empleada de empresa pública, ha generado polémica en el pasado por defender ciertas prácticas empresariales y por aceptar un premio del PSOE de Madrid, lo que ha puesto en duda su independencia a ojos de muchos ciudadanos.
  • Intxaurrondo ya defendió que el uso de tarjetas corporativas por directivos no era necesariamente escandaloso si tenían participación accionarial, y calificó a la exdirectiva Leire Díez como “militante”, un término que muchos interpretaron como parte de una narrativa sesgada.

El ciudadano siente que su dinero, tras una larga cadena de intermediaciones fiscales, termina financiando no solo servicios públicos, sino escándalos y contenidos mediáticos que acentúan la polarización. Programas como los de Gonzalo Miró, que destacan temas como agresiones sexuales en el Opus Dei, bebés robados o el deterioro del Hospital de Torrejón, le resultan indignos de ser sostenidos con fondos públicos. “¿De verdad mis impuestos sirven para esta bazofia norcoreana?”, piensa mientras el trabajo avanza.

La reflexión nocturna y el ciclo infinito

Al final del día, antes de reunirse con su mujer en la cama, tras acostar a su hijo, se permite quince minutos de soledad. En el sofá, revisa la hipoteca pendiente, la cita del dentista que vuelve a postergar y el cansancio acumulado. Se pregunta si periodistas como Javier Ruiz o Gonzalo Miró duermen tranquilos, si sienten alguna responsabilidad por cómo manipulan el relato público. Piensa en los funcionarios, enchufados y puestos a dedo que aparecen en los informes de la UCO, en cómo una parte ínfima de su esfuerzo termina en manos que no lo necesitan.

El 11,2% de los trabajadores en España vive en riesgo de pobreza (según Eurostat), y mientras, el dinero recaudado se filtra en redes de corrupción o en contenidos que alimentan la crispación. Una noche más, pulsa el mando para encender el Canal 24 Horas y aparece Marta Nebot. En una tertulia con Xabier Fortes, califica de “llamativo” el aluvión de noticias negativas sobre el Gobierno y sugiere que la oposición busca desestabilizarlo más que esclarecer hechos. Para el ciudadano, es la gota. Apaga la tele. Cada palabra ha sido, en cierto modo, pagada con su nómina.

Al día siguiente, a las 06:30, vuelve a Móstoles Central. El tren, el frío, el camino. Idéntico a la víspera. Se pregunta, mientras espera, a qué hora se levantarán quienes viven de narrar su realidad sin pisar siquiera su andén.

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