La rebelión secreta de los cachorros de Vox contra Abascal
En septiembre de 2023, un perfil en X (antes Twitter) llamado *Revuelta* anunciaba “novedades muy pronto” con apenas cinco likes. Un mes después, esa misma red se convertía en el epicentro de protestas coordinadas en múltiples sedes del PSOE en toda España, mientras Pedro Sánchez lograba su reelección tras acuerdos con formaciones independentistas, entre ellos el aval a la amnistía. Lo que comenzó como una iniciativa marginal pronto cobró forma de movimiento estructurado, estrechamente ligado a Vox, aunque sin formar parte oficialmente del partido.

Los orígenes y vínculos con Vox
Desde sus inicios, las conexiones entre *Revuelta* y Vox fueron evidentes. Aunque la entidad no estaba registrada como asociación en el Ministerio del Interior, remitía a una web controlada por Plataforma 711, una organización estudiantil activista con historial de movilizaciones junto a figuras de Vox, como Javier Ortega Smith. En entrevistas para medios vinculados al partido y a su Fundación Disenso, como *La Gaceta de la Iberosfera*, sus representantes reconocieron el “apoyo claro” del partido. Muchos de sus integrantes habían participado en elecciones municipales de mayo bajo listas de Vox, y algunos, como Ricardo Garrudo —hijo del cofundador de DENAES junto a Santiago Abascal—, mantenían cercanía directa con la cúpula del partido.
Otro pilar fundamental fue la Asociación Social de Mayores (ASOMA), fundada en mayo de 2022 y también vinculada a Vox. Su web aparecía en el entorno digital del partido, y se indicaba que sus datos podían ser compartidos con terceros, incluida esta organización. ASOMA se convirtió en el soporte legal de *Revuelta*, canalizando donaciones y solicitudes de manifestación. Su liderazgo revelaba estrechos vínculos familiares y laborales con Vox: Jaime Hernández, presidente de ASOMA, es cuñado de Manuel Mariscal, vicesecretario de Comunicación del partido, y formó parte de las listas de Rocío Monasterio en Madrid. Como vicepresidente figuraba Arturo González Villarroya, asesor de Vox en Bruselas y hijo del exalcalde condenado en el caso Gürtel. El secretario general, Pablo González Gasca, es una figura clave en el marketing digital de Vox y ha trabajado directamente con Mariscal.
Esta estructura se replicó en *Revuelta*, con Hernández, Villarroya y Gasca como principales referentes, acompañados por figuras como César Pinto, director del medio *HerQles*, conocido por su intensa promoción de la narrativa de Vox, especialmente en temas migratorios. Desde entonces, el movimiento se convirtió en un aliado constante en las movilizaciones contra el Gobierno, consolidándose como una juventud paralela al partido que también buscaba posicionarse en nuevos frentes como la ayuda tras catástrofes.
El caso de la DANA: de la solidaridad al enfrentamiento
- Tras la tragedia de la DANA en la Comunidad Valenciana, *Revuelta* se movilizó para enviar alimentos y material, pidiendo donaciones ciudadanas para financiar la logística.
- Parte de esos fondos, según denuncias internas, no habrían sido destinados íntegramente a las víctimas.
- Villarroya y Javier Esteban, tras abandonar la organización, presentaron una denuncia ante la Fiscalía por presuntas irregularidades financieras, apuntando a posibles desvíos de hasta 100.000 euros.
- Responsabilizaron a Hernández y Gasca de retener dinero y de actuar con opacidad en la gestión de las cuentas.
El caso abrió una grieta entre Vox y *Revuelta*. Mientras la organización negaba cualquier irregularidad y calificaba las acusaciones de “maniobra política” para apropiarse de la marca, las filtraciones de audios revelaron tensiones profundas. En ellos, Villarroya asegura que dirigentes de Vox proponían disolver ASOMA —y por extensión *Revuelta*— para evitar que salpicara al partido. Se hablaba de “mirar las cuentas”, pagar impuestos pendientes y donar el remanente a una residencia de ancianos, todo mientras se buscaba una excusa creíble para justificar el cierre: “nos inventamos alguna polla”, según uno de los fragmentos.
Manuel Mariscal, en conversaciones grabadas, reconoció que Santiago Abascal no quiere estructuras autónomas cercanas a Vox. “No quiere que exista nada autónomo a Vox”, afirmó, anticipando que, de no disolverse el movimiento, “Vox irá al choque” y advertiría despidos. Mariscal admitió conocer las irregularidades desde hacía meses y se mostró preocupado por el impacto mediático: titulares sobre “fraude a Hacienda” o “dinero no destinado a los valencianos” en plena ofensiva anticorrupción contra el PSOE podrían minar la credibilidad del partido.
El distanciamiento público y el intento de control
Frente a las denuncias y las filtraciones, Vox inició un proceso de desvinculación pública. La portavoz parlamentaria, Pepa Millán, afirmó que *Revuelta* “no forma parte de Vox”. Sin embargo, el rastro de colaboración es indiscutible: desde 2023, líderes del partido como Ignacio Garriga, José María Figaredo y Jorge Buxé promocionaron sus protestas, participaron en sus movilizaciones y compartieron sus canales de recaudación. Incluso se difundieron mensajes en redes del propio Abascal elogiando la labor de *Revuelta*, con enlaces a la cuenta de ASOMA para donar.
Tras el escándalo, Vox eliminó comunicados que alababan su colaboración con el grupo y ahora alega que ASOMA, enfocada originalmente en la tercera edad, no comparte fines con la actividad juvenil de *Revuelta*. Sostiene que dicha desconexión entre el objeto social de la asociación legal y las acciones reales podría haber generado las supuestas irregularidades.
Mientras tanto, el intento de extinción de *Revuelta* deja al descubierto una lucha por el control y la representatividad dentro del espacio de derecha. El auge de un “socialpatriotismo” juvenil, más radical que Vox en temas sociales y migratorios, representa un desafío para el partido. Figuras como Juan García-Gallardo o Carlos Hernández Quero encarnan esta tensión: apoyan a Vox, pero impulsan un discurso más contundente, especialmente en vivienda y exclusión de extranjeros. La emergencia de movimientos como *Revuelta* reflejaba esa corriente, pero su crecimiento descontrolado activó las alarmas internas.
Hoy, con la Fiscalía investigando, las denuncias en marcha y la relación rota, el episodio deja una pregunta abierta: ¿puede Vox liderar un fenómeno sin perderlo de vista? Y más aún, ¿cómo gestionará el vacío que deja un movimiento que, en apenas un año, llegó a movilizar más que muchos de sus aparatos locales?
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