El círculo de poder de Maduro que nadie se atreve a nombrar

El presidente de Venezuela, Nicolás Muro, ha reconfigurado el buró político del Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV), designando a doce dirigentes clave que asumirán la conducción de la revolución bolivariana en un contexto de considerable tensión con Estados Unidos. Este nuevo círculo de poder, compuesto por figuras de larga trayectoria en el chavismo, será el encargado de mantener el control político y social mientras la administración de Donald Trump intensifica su presión con un despliegue militar sin precedentes en el Caribe. A pesar de las amenazas externas y las sanciones económicas, Muro, hijo político de Hugo Chávez, ha logrado sostenerse en el poder gracias a una red de lealtades estratégicas y al apoyo indiscutible de los sectores más influyentes del régimen.

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El círculo de hierro: lealtad, poder y represión

En el centro del poder se mantiene lo que se conoce como el "círculo de hierro", un grupo de dirigentes que han acompañado a Muro desde los primeros días posteriores a la muerte de Chávez en 2013 y que hoy representan los pilares fundamentales del gobierno. Con edades cercanas a los 60 años, estos líderes han consolidado un sistema en el que el acceso a privilegios económicos y políticos está estrechamente vinculado a la fidelidad absoluta hacia el líder. Con la amenaza de intervención extranjera, la vigilancia interna se ha intensificado, especialmente por parte de asesores cubanos que desempeñan un rol clave en la protección y control del entorno presidencial. Todos saben que su supervivencia política —y en muchos casos física— depende del mantenimiento del statu quo.

Los rostros del poder

  • Cilia Flores: Como primera combatiente, Cilia Flores ejerce una influencia decisiva en las decisiones de Muro. Desde que lo conoció en los años noventa, tras representarlo judicialmente como defensora de Hugo Chávez, ha escalado posiciones hasta convertirse en la figura femenina más poderosa del régimen. Fue diputada, presidenta de la Asamblea Nacional y procuradora general. Su poder, aunque ahora más discreto, se ejerce desde la sombra, y ha estado ligado a escándalos internacionales, como el caso de sus sobrinos condenados por narcotráfico en Estados Unidos. Sancionada por el Departamento del Tesoro de EE.UU. en 2018, su vinculación con los círculos cubanos la posicionaba originalmente como posible sucesora, aunque ese plan no prosperó.
  • Diosdado Cabello: Conocido por su programa televisivo Con el mazo dando, Cabello es la cabeza visible de la represión política. Desde 2014, utiliza su espacio mediático para señalar y estigmatizar a opositores, muchos de los cuales terminan detenidos o exiliados. Como ministro del Interior, Justicia y Paz, controla las fuerzas de inteligencia y seguridad, incluyendo el SEBIN. Acusado por EE.UU. de corrupción, tráfico de drogas y participación en el denominado "Cartel de los Soles", tiene una recompensa de 25 millones de dólares por su captura. Pese a rumores de enfrentamientos con Muro, ambos mantienen una alianza estratégica basada en intereses comunes.
  • Los hermanos Rodríguez: Jorge y Delcy Rodríguez representan la maquinaria comunicacional y política del oficialismo. Él, formado en psiquiatría y con profundo conocimiento del manejo electoral, fue jefe de campaña de Muro, aunque la derrota del 28 de julio evidenció límites en su estrategia. Ella, abogada con formación en Europa, ha sido canciller, vicepresidenta y ahora también ministra del Petróleo. Ambos son hábiles en la propaganda y han fortalecido alianzas con actores internacionales clave, como José Luis Rodríguez Zapatero, cuya mediación permitió la salida del país del opositor Edmundo Rodríguez Urrutia en 2024. Su cercanía con los cubanos y con el aparato militar los convierte en actores centrales.
  • Vladimir Padrino López: Como ministro de la Defensa desde 2014, Padrino López es el garante del respaldo militar a Muro. Su lealtad durante el golpe de 2002 lo consolidó dentro del régimen, y bajo su mando, las Fuerzas Armadas han ganado un rol económico estratégico. A través de empresas como Camimpeg y el control del Arco Minero del Orinoco, los militares gestionan recursos petroleros, mineros y comerciales. En 2024, tras los comicios presidenciales, ratificó públicamente el apoyo incondicional de la institución castrense, una señal clave ante cualquier intento de cambio de régimen.

El nuevo buró político también incorpora figuras de segunda línea, como el fiscal general Tarek William Saab, Héctor Rodríguez (Ministro de Educación), Carmen Meléndez (alcaldesa de Caracas), Grecia Colmenares y Gabriela Jiménez, quienes completan un entramado político diseñado para perpetuar el control del PSUV. Junto a ellos, funcionarios como Nahum Fernández y Francisco Ameliach fortalecen el aparato territorial del partido.

Este entramado no solo responde a una lógica de poder, sino de supervivencia. La combinación de sanciones internacionales, crisis económica y movilización opositora ha convertido al régimen en una estructura cerrada, donde el acceso a recursos y protección depende de la lealtad absoluta. Mientras Estados Unidos presiona con bloqueos petroleros y ofertas multimillonarias por la cabeza de sus líderes, el círculo íntimo de Muro se mantiene firme, consciente de que su destino está ligado al del presidente. En este contexto, más que una dirección política, lo que opera es una red de cohesión basada en intereses compartidos, lealtades forjadas en la adversidad y el temor compartido a un cambio de régimen.

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