La escaleta secreta de Gonzalo Miró que nadie se atrevió a revelar

En una fría mañana de invierno, un ciudadano de Móstoles aguarda el tren de Cercanías en la estación Central, un enclave gris, desangelado, con escasas comodidades y una sensación de abandono que parece trasladarle directamente al comienzo de una jornada de trabajo desgastante. A las 06:30 horas, aún con su hijo dormido en casa, se prepara para un viaje de 25 minutos atestado de gente, sudores ajenos, toses y empujones de quienes, mochila del gimnasio en mano, cumplen con una rutina marcada por la higiene del esfuerzo físico y la cadencia de la oficina. Su vida, como la de muchos, gira en torno a una rutina que apenas deja espacio para el respiro.

Este hombre, como tantos otros, sueña despierto durante el trayecto: imagina un día sin agobios, con más tiempo para su familia, un horizonte en el que no tenga que revisar cada mañana la app de su banco con la esperanza —bien sabida como falsa— de encontrar un error de ingreso de un millón de euros. Sabe que es imposible, pero sigue mirando. Mientras, su jornada laboral arranca con la pantalla de un televisor público en la oficina, donde Silvia Intxaurrondo, presentadora de RTVE, narra las noticias del día en La 1.
Los impuestos y la línea de montaje de la información
El trabajador de Móstoles no puede evitar reflexionar: los impuestos que él y sus compañeros de oficina pagan mensualmente alimentan un entramado público del que forman parte directa empresas como las integradas en la Sociedad Estatal de Participaciones Industriales (SEPI). Precisamente, esta entidad estatal está ahora en el centro de una investigación de la Unidad Central Operativa (UCO), tras la detención del exdirector general de SEPI, que estuvo vinculado a Servinabar, la empresa de Santos Cerdán y Antxón Alonso, acusada de servir como vehículo para el cobro de comisiones irregulares. RTVE, financiada con fondos públicos, forma parte de ese mismo sistema.
La periodista Intxaurrondo, cuya retribución proviene de ese erario común, se ha mostrado en varias ocasiones defensiva respecto a personalidades implicadas en asuntos de corrupción. Hace meses, manifestó que no le parecía inconcebible que Santos Cerdán usara la tarjeta corporativa de Servinabar, pese a poseer un 45% de la empresa. También ha calificado a Leire Díez como “militante” y ha sostenido que cobrar comisiones en contratos públicos no necesariamente implica ilegalidad. No es menor tampoco que, el año pasado, recibiera un premio del PSOE de Madrid, lo que alimenta ciertas dudas sobre su independencia como empleada de un medio público financiado con dinero de todos.
A medida que avanzan las horas en la oficina, desfila ante los ojos del ciudadano una sucesión de informativos y programas: desde la sobriedad relativa de Intxaurrondo hasta el tono sensacionalista de Gonzalo Miró, cuya agenda semanal incluye temas polémicos como agresiones sexuales en el Opus Dei, bebés robados o el escándalo del Hospital de Torrejón. A eso de las cuatro de la tarde, el trabajador ya no aguanta más. Se pregunta, con hastío, si sus impuestos están realmente destinados a financiar este tipo de contenidos, que a su juicio desbordan el sensacionalismo y escasean en aportación ciudadana.
La brecha entre el esfuerzo y la representación
- El ciudadano dedica unos minutos al final del día a reflexionar en silencio, mientras su mujer lo espera en la cama tras acostar al niño.
- Piensa en los años que aún le quedan para saldar la hipoteca, en lo cansado que está, en la vergüenza de posponer la visita al dentista.
- Se pregunta si quienes gestionan la información pública —periodistas, presentadores, contratistas— sienten algún remordimiento por cómo utilizan su trabajo y el dinero que con él se genera.
- Se cuestiona cómo duermen aquellos que aprovechan su posición para obtener beneficios a costa del erario, mientras el 11,2% de los trabajadores españoles vive en situación de pobreza (según Eurostat).
Su noche se cierra con una última imagen: el Canal 24 Horas. Marta Nebot, en una tertulia dirigida por Xabier Fortes, califica de “llamativo” el cúmulo de detenciones que afectan a figuras cercanas al Gobierno, entre ellas Leire Díez, Antxón Alonso y altos cargos de una aerolínea venezolana rescatada con 53 millones de euros del presupuesto español. Nebot insinúa, sin pruebas, que la oposición busca sacar provecho de la situación para debilitar al Ejecutivo, trasladando así al espectador la idea de que las investigaciones judiciales no son fruto del trabajo policial o de la justicia, sino de una conspiración política.
El ciudadano apaga el televisor. Ya no dice nada. Mañana será otro día. A las 06:30, otra vez en Móstoles Central. El tren, la oficina, el mismo ciclo. Solo queda una pregunta colgando en el aire antes de dormir: “¿A qué hora se levantarán Marta Nebot y Gonzalo Miró?”.

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