El círculo de hierro de Maduro los poderosos detrás del trono

El Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV) ha anunciado la conformación de su nuevo buró político, un grupo de 12 dirigentes que asumirá la dirección estratégica del chavismo en un contexto de profunda crisis política y creciente tensión con Estados Unidos. Este círculo, conocido como los "12 apóstoles", encarna el núcleo más cercano al poder de Nicolás Muro, quien, a sus 63 años, enfrenta su momento más desafiante desde que asumió el legado de Hugo Chávez. A la sombra de un despliegue militar estadounidense en el Caribe —el más importante desde la invasión a Panamá en 1989—, Muro se aferra al poder con el apoyo inquebrantable de un grupo de aliados de larga data, muchos de los cuales han crecido políticamente junto a él desde los años posteriores a la muerte de Chávez.

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El círculo de hierro: los pilares del poder de Muro

En el corazón de este entramado de poder se encuentra lo que se conoce como el “círculo de hierro”, un grupo de dirigentes que no solo sostiene a Muro, sino que también se beneficia directamente del sistema de corrupción, prebendas y control represivo que ha caracterizado al régimen. Entre ellos destacan figuras clave como Cilia Flores, esposa de Muro y conocida como la “primera combatiente”, cuya influencia trasciende su rol institucional. Fue ella quien, tras defender a Hugo Chávez tras el golpe de 1992, abrió las puertas del movimiento bolivariano para Muro. Desde entonces, su figura ha estado ligada al ascenso político del actual mandatario. Ministra, procuradora y presidenta de la Asamblea Nacional, Flores ha acumulado poder desde las sombras, aunque su protagonismo público ha disminuido en los últimos años. Sigue siendo una figura sancionada por Estados Unidos, especialmente tras el escándalo que involucró a dos de sus sobrinos en una red internacional de narcotráfico, aunque fueron liberados en 2022 en un canje diplomático.

Los rostros del control político y militar

  • Diosdado Cabello, conocido por su programa Con el mazo dando, es el símbolo del brazo represivo del chavismo. Desde su cargo como ministro del Interior, Justicia y Paz, controla las fuerzas de seguridad, incluyendo el SEBIN, y ha sido el encargado de orquestar la respuesta represiva tras las protestas posteriores a las elecciones presidenciales de julio de 2024, donde se denunciaron miles de detenciones arbitrarias. Cabello, con pasado militar y coqueteos iniciales con la sucesión de Chávez, mantiene un perfil bajo en público, pero ejerce un poder absoluto sobre el aparato de control interno del régimen. Sancionado por Estados Unidos y con una recompensa de 25 millones de dólares por su captura, sigue siendo considerado un pilar fundamental del sistema.
  • Delcy y Jorge Rodríguez, hermanos y estrategas políticos clave, representan la maquinaria de propaganda y gobernabilidad del gobierno. Delcy, con formación en el extranjero y cercanía al aparato cubano, ha pasado por varios cargos de alto nivel, incluyendo vicepresidenta y ministra de Petróleo. Jorge, más vinculado a los militares y con experiencia en campañas electorales, fue el arquitecto de la última campaña de Muro, que terminó en una derrota evidente ante la movilización opositora. Ambos son considerados alumnos avanzados del agitprop chavista y han cultivado alianzas estratégicas, como la que mantuvieron con José Luis Rodríguez Zapatero, clave para ciertos acuerdos diplomáticos limitados.
  • Vladimir Padrino López, ministro de Defensa, es el garante del apoyo militar incondicional a Muro. Su figura es esencial: sin el respaldo de la Fuerza Armada Nacional Bolivariana (FANB), el régimen no sobreviviría. Padrino López, con formación en guerra psicológica en Estados Unidos, jugó un papel crucial en frustrar el intento de levantamiento liderado por Juan Guaidó en 2020. Además, bajo su mando, las Fuerzas Armadas han ampliado su influencia económica, con acceso directo al control del petróleo y al Arco Minero del Orinoco, lo que les ha otorgado autonomía financiera y mayor peso en la toma de decisiones del Estado.

Junto a estos nombres históricos, el nuevo buró político incorpora figuras de la clase política emergente del chavismo, como Tarek William Saab, Héctor Rodríguez, Carmen Meléndez y Gabriela Jiménez. Todos forman parte de una estructura que, pese a las sanciones internacionales, los fracasos electorales evidentes y la presión externa, se mantiene cohesionada. Analistas como Nicmer Evans señalan que el temor a represalias y la interconexión de intereses económicos han impedido rupturas internas. Los consejeros cubanos, todavía presentes en la seguridad y el control político de alto nivel, actúan como garantes de la lealtad cruzada.

El futuro en la mira: tensión interna y presión externa

La reconfiguración del buró político no es solo un ajuste administrativo; es una señal de fortalecimiento ante las crisis. Mientras Estados Unidos incrementa el cerco con sanciones, reconocimiento diplomático a la oposición y amenazas veladas, el régimen responde con mayor cohesión y control. El destino de todos estos líderes parece atado al de Muro: en caso de caída, ninguno escaparía a consecuencias judiciales o políticas. Esa certeza ha urdido una red de lealtades basada tanto en ideología como en interés personal, en la que el sufrimiento del pueblo venezolano sigue siendo moneda de cambio.

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