Ussía el último juglar que nadie se atreve a imitar

Hace ya casi medio siglo que Alfonso Ussía irrumpió en el panorama literario y periodístico español con una voz ácida, irreverente y profundamente comprometida con la denuncia. Su primer libro, *Coplas, canciones y sonetos para antes de una guerra* (1979), fue celebrado desde el principio por Álvaro Cunqueiro como un documento que trascendería su tiempo, destinado a iluminar para futuros historiadores una de las décadas más convulsas de la historia contemporánea de España. Hoy, ese pronóstico no solo se ha cumplido, sino que ha quedado ampliamente superado: los cuatro primeros libros de Ussía —auténticas crónicas satíricas en verso— se han consolidado como un contrapunto esencial frente a determinadas narrativas sobre la Transición y el período posterior, especialmente aquellas impulsadas por las leyes de memoria histórica promovidas desde gobiernos socialistas.

Una voz incómoda en la historia reciente
Comparado por algunos con Mingo Revulgo o Quevedo, Ussía rechazó siempre con ironía esas exaltaciones. En su poema *Quién no soy*, se definía con humildad mordaz: no era el clásico satírico del siglo XV, ni el nobilísimo lúgubre del Barroco, ni un magnate de la pluma como Mariano de Cavia o Luis de Tapia. Se autodenominaba el “último juglar coplero” que, a su manera, satirizaba un país desbocado. A ese primer volumen le siguieron *Fustazos y caricias*, prologado por Emilio Romero, con textos surgidos en *ABC*; *Golfos, gafes y gorrones*, que recogía sus colaboraciones en *Sábado Gráfico* y sus intervenciones en Antena 3 Radio; y luego *Sin acritud* (1985), editado por Planeta con ilustraciones de Tom y retratos de Pol Borràs Blancafort, convertido ya en una crónica poética de los años finales del primer gobierno socialista en España.
A lo largo de estas obras, Ussía no solo afinó su estilo, sino que fustigó con precisión quirúrgica los engranajes del poder: el clientelismo del PSOE de González y Guerra, el alineamiento incondicional de TVE con el partido en el gobierno, o el papel de *El País* como vocero institucional más que como medio independiente. Para él, el diario de la mañana no era otra cosa que el *Boletín Oficial del Estado*, al servicio del poder en turno y de la izquierda progre, mientras que la televisión pública era campo abonado para el nepotismo, la censura y la manipulación ideológica.
Denuncias que costaron caras
- Ussía fue denunciado incluso por el alcalde de Madrid Enrique Tierno Galván, al que ridiculizó acusándolo de alineamiento ideológico con la URSS.
- Su destierro de COPE en 1990 se produjo tras leer un poema incendiario contra el entonces obispo de San Sebastián, monseñor Setién, figura a la que dedicó algunos de sus versos más ácidos.
- En 2004, su artículo *Y ahora, el cerdo*, que ironizaba sobre el nacionalismo vasco, fue rechazado por el director de *ABC*, José Antonio Zarzalejos. Fue entonces cuando Ussía pasó a escribir en *La Razón*, donde permaneció los siguientes 16 años.
Tampoco ha tenido miedo a señalar con el dedo la complicidad histórica entre el PNV y ETA, ni siquiera a través del Athletic de Bilbao, cuando su capitán era “el guardam-eta” Iríbar. Ya en 1980 escribía: “es el Peneúve la ‘ETA moderada’, / o más exacto aún, la ‘Modorreta’”. Años después, en *Patriotas osos* (2001), compilado con Antonio Mingote, dejó constancia de su larga resistencia al terrorismo y a la normalización de un nacionalismo que hoy ha logrado avances importantes gracias a la complacencia de gobiernos de coalición liderados por el PSOE.
Retratos en verso que perduran
Si se reeditaran sus primeros libros, hoy servirían también como retratos actuales. Obran en ellos versos que caricaturizan con brillantez a figuras todavía vigentes: Fernando Savater, intelectual emblemático de *El País*, retratado como un amanuense del poder donde “su amor al poder feliz / es en él sublime droga”; Mercedes Milá, acusada de repetir consignas al dictado si hay sueldo de por medio: “yo digo lo que me digan, ‘Viva Andrópov, muera Reagan’ / si cobro, lo mismo da”; o Rosa María Mateo, designada por decreto ley como administradora única de RTVE, en un poema donde se le recuerda que jamás preguntó en Cuba “qué número aproximo / de cubanos sufre esto / de presidio prolongo / por no ser de su opinión”.
La reciente publicación de *La escritura indómita*, libro homenaje a Ussía, confirma que su legado no es solo literario ni periodístico: es un componente esencial para entender la España de las últimas cinco décadas. Su pluma, mordiente y valiente, ha resistido censuras, amenazas, expulsiones y hasta intentos de asesinato. Sin embargo, nunca calló. Aquel joven poeta que decía “me llamo Alfonso Ussía” no solo ponía nombre, sino que asumía un destino: el de un cronista que, con versos de pleito y humor devastador, ha desnudado los poderes ocultos de una nación que aún no ha aprendido a mirarse al espejo.

Deja una respuesta