Dos hombres de Trump y Putin negociando la paz en Ucrania a espaldas del mundo

Un plan de paz de 28 puntos para Ucrania, promovido por Donald Trump y elaborado por los hombres de negocios Steve Witkoff y Kirill Dmitriev, ha generado controversia internacional por su claro sesgo hacia los intereses de Rusia. La propuesta, que inicialmente contemplaba cesiones territoriales ucranianas, la desmilitarización del país y su renuncia a ingresar en la OTAN, fue filtrada a Axios por Dmitriev en un momento de debilidad política para Volodimir Zelenski, afectado por un escándalo de corrupción en su entorno. Witkoff, millonario inmobiliario y allegado de Trump desde los años 80, reconoció haber compartido información confidencial sobre la filtración en una publicación en X, donde mencionaba directamente a Dmitriev.

La influencia detrás del plan
La propuesta nació tras la autoproclamación de Trump como arquitecto de la paz en Oriente Medio, tras el acuerdo entre Israel y Hamás negociado por él y su yerno, Jared Kushner. En el vuelo de regreso, Witkoff y Kushner comenzaron a bosquejar un plan para Ucrania, con información aportada por una fuente cercana al Kremlin. Esa fuente era Kirill Dmitriev, director del Fondo de Inversiones Directas de Rusia y figura clave en la diplomacia paralela entre Moscú y Washington. Los encuentros secretos entre Witkoff y Dmitriev en Miami fueron cruciales para redactar el texto original, que reflejaba en gran medida las demandas iniciales de Rusia desde la invasión de 2022.
Bloomberg reveló que Witkoff incluso aconsejó al asesor de política exterior del Kremlin, Yuri Ushakov, sobre cómo debía actuar Putin para ganarse la confianza de Trump: elogiando su labor en Oriente Medio y presentándose como un “hombre de paz”. Witkoff expresó tener “un profundo respeto” por el líder ruso, comentarios que, de confirmarse oficialmente, representarían una grave contradicción con los intereses de seguridad de Estados Unidos.
- El texto final tenía el sabor de una traducción defectuosa del ruso al inglés, lo que alimentó sospechas sobre su origen directo en Moscú.
- Dmitriev, nacido en Kiev pero identificado como hijo de la Unión Soviética, estudió en Harvard y Stanford y trabajó en McKinsey, lo que le dio un profundo conocimiento de la mentalidad empresarial estadounidense.
- Su red de contactos incluye a figuras de élite en Rusia; su esposa es amiga de Katerina Tijonova, hija de Putin.
El plan incluía una ambiciosa redistribución de los activos rusos congelados por Occidente: 100.000 millones de dólares sería invertidos en la reconstrucción de Ucrania bajo liderazgo estadounidense, con EE.UU. quedándose con el 50 % de los beneficios. Europa aportaría otra suma similar y se comprometería a descongelar sus fondos. El resto iría a un fondo conjunto EE.UU.-Rusia para proyectos bilaterales, una idea que muchos expertos ven como un incentivo directo a la impunidad rusa.
Rechazo europeo y papel clave de Marco Rubio
La versión original del plan fue rápidamente desmantelada gracias a la firme postura de Ucrania y sus aliados europeos. Alemania, Francia y el Reino Unido respaldaron sin fisuras las posiciones de Zelenski. El senador Marco Rubio, único funcionario de la administración Trump con una visión clara del riesgo ruso, intervino para eliminar los nueve puntos más favorables a Moscú. Rubio, que supo del plan apenas horas antes de su filtración, durante la visita del príncipe heredero saudí Mohamed bin Salman, se mostró crítico con un enfoque que recordó a los acuerdos de Múnich de 1938, concesiones que solo alimentaron la ambición de Hitler.
El ministro de Exteriores ruso, Serguéi Lavrov, insistió en que el plan original no debe modificarse, lo que confirma su valor estratégico para el Kremlin. Trump, por su parte, justificó su postura diciendo que “así funcionan los negocios”, una frase que resume su visión transaccional de la geopolítica y su desconocimiento del contexto histórico y de las consecuencias del fortalecimiento ruso.
Witkoff, que viaja en avión privado y no cobra por sus misiones diplomáticas, ha estado más de cuatro veces en Moscú desde que Trump retornó a la presidencia. Incluso reprochó la destitución de Keith Kellogg, el enviado con experiencia en seguridad ucraniana, en favor de un enfoque puramente negociador. En varias reuniones con Putin, Witkoff confió en intérpretes oficiales rusos, lo que condujo a malentendidos, como en la cumbre de Alaska. Su lealtad inquebrantable a Trump desde la derrota electoral de 2020 le ha valido un lugar central en esta nueva arquitectura de poder, aunque cuestionada por su parcialidad.
Dmitriev, por su parte, ha convertido su experiencia académica y empresarial en una herramienta de influencia global. Vinculado a la producción de la vacuna Sputnik V y promotor de proyectos faraónicos como un túnel bajo el estrecho de Bering, representa la fusión entre capital, política y propaganda rusa. Su capacidad para seducir a figuras como Trump y Kushner demuestra cómo Moscú ha instrumentalizado el lenguaje del negocio para debilitar la unidad occidental.
El presidente francés, Emmanuel Macron, ha advertido que Rusia sigue siendo una “amenaza principal” para Europa y que mostrar debilidad sería un error estratégico. En este contexto, el intento de imponer un plan de paz negociado entre millonarios sin mandato oficial ni conocimiento del terreno refleja un riesgo real para la seguridad colectiva. Las decisiones sobre la guerra en Ucrania no pueden reducirse a hojas de cálculo ni a alianzas privadas entre hombres de negocios con vínculos opacos. La paz debe construirse con legitimidad, transparencia y respeto por la soberanía de los pueblos.

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