Maduro ataca a la Cruz Roja y Mario Villarroel estalla con la verdad
Mario Villarroel, abogado venezolano y ex presidente de la Cruz Roja Venezolana, vive hoy en Mérida, Colombia, tras verse forzado a abandonar su país debido al acoso y las presiones ejercidas por el régimen de Nicolás Maduro. Nacido en Caracas en 1947, Villarroel ejerció la presidencia de la institución humanitaria hasta agosto de 2023, cuando un operativo político-jurídico orquestado desde el Gobierno lo despojó del cargo en un proceso que califica como una "toma autoritaria". Su historia no solo refleja la escalada de hostigamiento contra figuras independientes en Venezuela, sino también el alto costo personal que implica resistir ante un poder que no tolera autonomía.

Un ataque premeditado contra la independencia humanitaria
El enfrentamiento entre Villarroel y el régimen comenzó cuando el Ejecutivo, a través de la vicepresidenta Delcy Rodríguez, intentó imponer a Luis Manuel Farías como vicepresidente de la Cruz Roja. Villarroel se negó, afirmando que su compromiso era con la neutralidad e independencia institucional, no con intereses partidistas. "Mi filosofía era garantizar una independencia total respecto a los Gobiernos. Sí a la colaboración, no a la dependencia", afirma.
Desde ese momento, se desató una campaña de desprestigio que culminó con una intervención judicial exprés. La Fiscalía General —bajo acusaciones no formalizadas ni tramitadas— llevó el caso ante el Tribunal Supremo, donde la Sala Constitucional designó en apenas 36 horas una junta ad hoc con potestad para cambiar estatutos y elegir nueva junta directiva. "Era la vía para apartarme de inmediato", explica Villarroel, quien vio cómo una institución centenaria era cooptada sin debate interno ni legitimidad electoral.
Exilio y persecución familiar
- Ante el acoso sistemático, Villarroel decidió abandonar Venezuela, fijando residencia en Mérida, donde ya vivía su hijo Miguel, también abogado.
- La administración de Maduro no se detuvo con su salida: dio luz verde a una ofensiva mediática que incluyó artículos difamatorios firmados anónimamente en medios satélite del régimen.
- Estos textos no solo atacaron al propio Villarroel, sino que involucraron a sus hijos, en particular a Morris y a Miguel, con falsedades como su supuesta vinculación al secuestro del activista César de Caro.
- Uno de estos artículos falsos incluso fue publicado por error en un medio generalista de España, lo que permitió al régimen amplificarlo desde más de 80 portales oficiales y afines.
Tras la investigación periodística de Norvey Marín, que evidenció el desvío del accionar del nuevo liderazgo de la Cruz Roja, la maquinaria propagandística se reactivó con más intensidad. Fuentes cercanas a la familia señalan que estos medios operan bajo la dirección encubierta de Oliver Blanco, responsable de redes sociales de Delcy Rodríguez.
Una cruzada por la dignidad
El régimen ha puesto especial atención en el hijo de Mario, Miguel Villarroel, quien ocupa la vicepresidencia de la Federación Internacional de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja —un cargo electo democráticamente en 2017 y revalidado en 2022—. Según revela la familia, se han hecho llegar mensajes a través de intermediarios: los ataques cesarían si Miguel renunciara. "Se trata de un asunto de dignidad no negociable", responden los Villarroel, reafirmando su compromiso con la integridad y el proceso democrático que legitimó su posición.
La persecución también alcanza a Marion Villarroel, quien reside en Miami y se desempeña como jefa de Gabinete de la alcaldesa de Doral, Florida. A pesar de su labor institucional lejos del país, ha sido objeto de campañas de desprestigio.
Para Villarroel, estos ataques no solo afectan su honor, sino que agravaron su estado de salud. "Cuando dicen que yo había acosado a personas, estaba en una terapia intensiva por la enfermedad que padezco", denuncia, visiblemente indignado. "Todo ha sido una patraña que me ha afectado profundamente. El peor daño para una enfermedad de este tipo es el estrés, y me ha estresado ver dañada a mi familia y a mí por el Gobierno".
Hoy, desde el exilio, Villarroel observa con preocupación el rumbo de Venezuela, un país del que fue expulsado por negarse a someter una institución humanitaria a intereses políticos. A pesar de todo, mantiene su propósito claro: no polemizar, sino limpiar su nombre, tras décadas dedicado a la acción humanitaria, incluyendo su liderazgo en la Liga Internacional de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja entre 1987 y 1997.
Mantiene, sin embargo, cierta esperanza. “Tuve que irme hace casi tres años, prácticamente huyendo. Afortunadamente tenía el pasaporte vigente y pude hacerlo, pero me he visto despojado de muchos derechos: no he podido vender bienes en Venezuela y otros han sido usurpados”, confiesa. Su caso es un testimonio de que, bajo un sistema autoritario, defender principios como la independencia y la dignidad tiene un precio alto: el del exilio, la difamación y la pérdida de todo lo construido. Pero también es un recordatorio de que algunos valores no tienen precio.
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