Maryam denuncia al cónsul de Marruecos: collar, piropos y acoso en su oficina
El 15 de septiembre de 2020 marcó un antes y un después en la vida de Maryam, nombre ficticio que se utiliza para proteger su identidad. Ese día, Sidi Mohammed Biedallah asumió como cónsul de Marruecos en Murcia, convirtiéndose en el superior directo de Maryam, quien trabajaba como secretaria desde la apertura del consulado en 2019. Lo que comenzó como una relación laboral normal derivó rápidamente en un proceso de acoso laboral y sexual que duró más de dos años y que, según la Justicia española, culminó en un despido nulo por acoso.

Una sentencia firme del Juzgado de lo Social número 1 de Murcia, a la que ha tenido acceso este medio, confirma que desde septiembre de 2020 se instauró un entorno hostil, discriminatorio y vejatorio hacia Maryam, que incluyó aislamiento, privación de medios de trabajo y conductas de naturaleza sexual por parte del cónsul. El tribunal considera probado que el despido de Maryam no respondía a causas objetivas, sino que fue la consecuencia directa de un acoso prolongado, motivado por su rechazo a las insinuaciones y conductas inapropiadas de su jefe.
Un acoso con múltiples formas de represalia
La sentencia describe cómo, tras la llegada de Biedallah, Maryam fue progresivamente marginada: fue trasladada a una planta distinta, quedó completamente aislada, sin acceso a internet, sin teléfono y sin las herramientas necesarias para realizar sus funciones. Se le retiraron responsabilidades, se le asignaron tareas ajenas a su puesto y se la sometió a cambios constantes de ubicación sin justificación funcional. “Me bajaron de planta. Me dejaron sola. Sin internet. Sin teléfono. Yo seguía trabajando, pero era un castigo”, recuerda Maryam.
Además del hostigamiento laboral, el fallo detalla un patrón claro de acoso sexual. El cónsul realizaba comentarios sobre su vestimenta, su físico y su apariencia, la tocaba sin consentimiento —en el hombro, el cuello y la espalda— y le mantenía una cercanía física inadecuada. En varias ocasiones la invitó a desayunar en privado, le hizo regalos (un collar y unos pendientes de la marca Majorica que ella rechazó) y le dijo frases con connotaciones sexuales explícitas.
Un comentario que marcó el punto de inflexión
- El 28 de mayo de 2021, al ver que Maryam no llevaba puesto el collar, el cónsul le dijo textualmente: “iba a caer esa lágrima muy bien sobre sus tetas”.
- Le pidió que entrara en su despacho, le ofreció té, intentó besarla y abrazarla, y le repitió: “Pídeme lo que quieras”.
- Ella rechazó todo avance, pero a partir de ese momento, el acoso se intensificó.
Tras ese episodio, el trato laboral empeoró. Maryam fue objeto de difamación, aislamiento por parte de algunos compañeros y privada de acceso a recursos básicos. El juez destaca que otro diplomático, el Sr. Akirach, había actuado como freno a los abusos, pero tras su marcha, la situación se agravó. Además, el cónsul la llamaba fuera del horario laboral, insistiendo con su acercamiento, todo ello con el rechazo constante de la trabajadora.
El deterioro psicológico y la respuesta judicial
El acoso continuado tuvo un profundo impacto en la salud mental de Maryam. En enero de 2022, sufrió un grave episodio de ansiedad, diagnosticado como un trastorno reactivo vinculado directamente al acoso laboral prolongado. Tras un periodo de baja médica, el consulado decidió despedirla por causas objetivas. Sin embargo, durante el juicio, la propia representación del consulado admitió la improcedencia del despido.
La sentencia no solo declara el despido nulo, sino que condena al Consulado de Marruecos en Murcia a readmitir a Maryam de forma inmediata y a abonarle todos los salarios dejados de percibir desde su cese. Además, se impone una indemnización total de 51.086,76 euros: 25.000 euros por vulneración de derechos fundamentales y 26.086,76 euros por daños psicológicos.
Un caso que trasciende lo individual
- El juez califica las conductas del cónsul como parte de una “estrategia de aniquilación laboral” tras no lograr sus propósitos sexuales.
- La sentencia subraya que el acoso se dio en un contexto de poder jerárquico evidente, lo que agravó su impacto.
- Dos empleadas más confirmaron durante el juicio haber sufrido acoso sexual por parte del mismo cónsul.
“Yo no era un borrego”, repite Maryam, resumiendo su decisión de no callar. A pesar del miedo, la presión y los obstáculos interpuestos durante tres años de proceso judicial, incluyendo intentos por parte de Marruecos de frenar la investigación, ella persistió. Intentó denunciar la situación ante la embajada en Madrid, sin éxito. Finalmente, fue la justicia española la que validó su testimonio, condenó al responsable y expuso un caso de abuso de poder en un entorno diplomático.
El fallo no solo reconoce el sufrimiento de una trabajadora, sino que sienta un precedente claro sobre el acoso laboral y sexual en relaciones jerárquicas, especialmente en instituciones extranjeras asentadas en territorio español. Sidi Mohammed Biedallah, entonces cónsul, queda señalado como autor directo de un acoso continuado, cuyas consecuencias judiciales ya son irrevocables.
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