La humanidad debe estar preparada ante los riesgos del impacto de un asteroide, según un experto de la NASA
Humberto Campins, experto en asteroides de la NASA, asegura que, aunque a nivel individual los ciudadanos no tienen motivos para alarmarse por la amenaza de un impacto, la humanidad debe estar preparada para afrontar esta contingencia, que es probable que se repita en el futuro.

En una entrevista concedida a la agencia EFE durante el encuentro “The Many Pathways to Space”, celebrado en Oviedo para debatir la economía y la ocupación del espacio, Campins explicó que los grandes choques, como el que provocó la extinción de los dinosaurios, son eventos inevitables a menos que la civilización desarrolle la tecnología, los métodos y las políticas necesarias para desviar los cuerpos celestes peligrosos.
La defensa planetaria y la misión DART
El especialista señaló que, hace entre treinta y cuarenta años, la NASA logró convencer al Gobierno de Estados Unidos de la necesidad de una defensa contra asteroides. Desde entonces, la agencia coordina una red mundial de telescopios y científicos dedicados a detectar objetos cercanos a la Tierra y a evaluar su riesgo mediante la escala de Torino, que se basa en probabilidades de impacto.
Aunque la humanidad no ha enfrentado aún una amenaza real, varias instituciones espaciales realizan simulaciones continuas –con una trayectoria de tres años de pruebas– para acumular experiencia operativa que permita responder eficazmente ante un escenario de riesgo concreto.
Uno de los hitos de la “defensa planetaria” ha sido la misión DART (Double Asteroid Redirection Test). En 2022, el proyecto demostró la viabilidad de modificar la órbita de un asteroide pequeño mediante un impacto cinético, un avance que, aunque parece sacado de la ciencia ficción, abre la puerta a futuras defensas activas.
En cuanto a los peligros inminentes, Campins recordó que, por el momento, no existen asteroides catalogados como una amenaza directa para el planeta y que la probabilidad de sufrir un impacto durante la vida de una persona es mínima. Sin embargo, subrayó la necesidad de mantener una estrategia de defensa planetaria para garantizar la continuidad de la civilización a largo plazo.
El próximo gran evento de observación será el paso del asteroide Apophis en abril de 2029. Con un diámetro de aproximadamente 375 metros, el cuerpo se acercará a menos de 32 000 kilómetros de la superficie terrestre, una distancia inferior a la de muchos satélites de telecomunicación. Este acercamiento será visible a simple vista, aunque el experto aseguró que, en esa ocasión, no hay riesgo de que la trayectoria de Apophis se altere.
No obstante, advierte que, en el futuro, la órbita del asteroide podría modificarse y representar una amenaza potencial. Por ello, la misión espacial OSIRIS‑Apex, en la que Campins colabora, y la sonda RAMSES de la Agencia Espacial Europea, actualmente en fase de desarrollo, desempeñarán un papel crucial en el monitoreo y estudio de los cambios orbitales y estructurales que Apophis experimente bajo la influencia gravitatoria terrestre.
Además de la cuestión de la seguridad, los asteroides ofrecen oportunidades económicas. Campins explicó que los cuerpos que se aproximan a la Tierra comparten una velocidad orbital similar, lo que los convierte en objetivos óptimos para la minería espacial. La misión OSIRIS‑Rex, predecesora de OSIRIS‑Apex, descubrió en el asteroide Bennú una capa de silicatos hidratados, una forma de arcilla que contiene agua.
“A partir de ese recurso es posible extraer agua, que puede dividirse en hidrógeno y oxígeno para usarla como combustible de cohetes”, afirmó el especialista, describiendo el agua como “el recurso de mayor valor fuera de nuestro planeta”. Asimismo, señaló que los asteroides pueden contener platino, tierras raras y materiales de construcción que, sin ser metales preciosos, permitirían la fabricación de estructuras directamente en el espacio, reduciendo la necesidad de transportar piezas desde la Tierra.
Si bien la minería de asteroides aún no está operativa, Campins estima que en una década o dos comenzará a desarrollarse, considerándola “sumamente funcional” para el establecimiento y mantenimiento de bases espaciales y centros de procesamiento de datos.
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