Trump y Putin unidos por dos empresarios para la paz en Ucrania

Una propuesta de 28 puntos para poner fin a la guerra en Ucrania, inicialmente respaldada por Donald Trump, ha generado una intensa polémica internacional al revelarse que sus arquitectos son dos influyentes hombres de negocios con estrechos vínculos tanto con el expresidente estadounidense como con el Kremlin: el multimillonario estadounidense Steve Witkoff y el ruso Kirill Dmitriev. El plan, concebido tras una serie de encuentros secretos en Miami y con una marcada orientación hacia los intereses rusos, fue filtrado en un momento de debilidad política del presidente ucraniano Volodimir Zelenski, lo que avivó las sospechas sobre sus verdaderas intenciones.

Witkoff, un magnate inmobiliario con fuertes lazos personales y empresariales con Trump desde los años 80, ha sido figura central en la nueva estrategia exterior promovida por el entorno del expresidente. Conocido por su lealtad inquebrantable —incluso tras la derrota electoral de 2020—, Witkoff viaja en avión privado a sus encuentros diplomáticos y ha rechazado remuneración por su labor, lo que, según sus defensores, subraya su compromiso. Sin embargo, su relación con el Kremlin ha encendido alarmas. Fue él quien, según reveló Bloomberg, aconsejó a altos funcionarios rusos cómo influir en Trump: elogiándolo como “hombre de paz” y halagando su papel en Oriente Medio. Incluso expresó tener "un profundo respeto" por Vladimir Putin, lo que ha generado críticas sobre su imparcialidad.
El rol de Kirill Dmitriev: el enlace de Putin con Washington
Del otro lado está Kirill Dmitriev, director del Fondo de Inversiones Directas de Rusia y figura cercana a Putin. Educado en Harvard y Stanford, Dmitriev domina con soltura los códigos del mundo corporativo occidental y ha actuado como principal interlocutor económico entre Moscú y Washington desde el retorno de Trump a la escena política. Su ambición y habilidad para tejer alianzas lo han convertido en una pieza clave del engranaje diplomático ruso. Estudió en Estados Unidos, trabajó en McKinsey y ha cultivado relaciones influyentes, incluida una amistad entre su esposa y la hija menor de Putin, Katerina Tijonova.
Fue Dmitriev quien, según fuentes estadounidenses, actuó como fuente de información clave durante la redacción del plan en Miami, en un encuentro que incluyó también a Jared Kushner, yerno de Trump. Ambos redactaron el primer borrador tras el viaje de regreso de una supuesta negociación entre Israel y Hamás, inspirándose en un enfoque puramente transaccional. El documento proponía, entre otras medidas, la renuncia de Ucrania a ingresar en la OTAN, la reducción drástica de sus fuerzas armadas y la cesión de territorios bajo control ruso, condiciones que reflejaban de forma casi literal las demandas iniciales de Moscú.
Uno de los aspectos más controvertidos del plan era la propuesta sobre los activos rusos congelados en Occidente: 100.000 millones de dólares serían invertidos en la reconstrucción de Ucrania bajo liderazgo estadounidense, con EE.UU. quedándose con el 50 % de los beneficios. Europa aportaría otros 100.000 millones, se descongelarían sus fondos congelados y el resto se destinaría a un fondo conjunto entre EE.UU. y Rusia para proyectos bilaterales, lo que muchos interpretaron como una recompensa a Moscú por su invasión.
Rechazo y ajustes bajo presión
- El plan fue filtrado por Dmitriev a Axios justo cuando Zelenski enfrentaba un escándalo interno, lo que generó sospechas de manipulación estratégica.
- Witkoff reconoció en una publicación en X (antes Twitter) que la filtración probablemente provenía de "K...", una alusión directa a Dmitriev.
- El secretario de Estado Marco Rubio se enteró del documento solo horas antes de su publicación, durante la visita del príncipe heredero saudí Mohamed bin Salmán.
- Ante la oposición de Ucrania y la Unión Europea, especialmente Alemania, Francia y Reino Unido, nueve de los puntos más favorables a Rusia fueron eliminados.
A pesar de las modificaciones, el texto final conserva un tono que muchos describen como una traducción defectuosa del ruso al inglés, con estructuras poco naturales y errores sintácticos que refuerzan la percepción de que fue redactado primordialmente desde Moscú. El ministro de Exteriores ruso, Serguéi Lavrov, insistió en que el plan original no puede alterarse sustancialmente, mientras que Trump, lejos de desmarcarse, afirmó que “así es como se hacen los negocios”.
El papel de Witkoff ha ido en aumento desde que Trump retomó el poder, desplazando a figuras con más experiencia en seguridad como Keith Kellogg. Witkoff ha mantenido al menos cuatro reuniones con Putin desde marzo, a menudo utilizando intérpretes oficiales rusos, lo que ha generado malentendidos diplomáticos, como ocurrió en una cumbre en Alaska. Su falta de conocimiento del contexto ucraniano contrasta con su influencia creciente.
Una visión de la paz basada en intereses empresariales
El enfoque de Witkoff y Dmitriev refleja una concepción del conflicto ucraniano no como un asunto de soberanía o derechos humanos, sino como una oportunidad de negocio. Ambos han promovido enfoques excéntricos, como la construcción de un túnel bajo el estrecho de Bering para unir Rusia y EE.UU., en línea con una visión que prioriza grandes proyectos económicos por encima de las realidades geopolíticas. El propio Dmitriev ha sido descrito por antiguos compañeros de universidad como alguien obsesionado con el éxito, capaz de cumplir cualquier meta que se proponga, pero con escasa disposición a la concesión o al diálogo de iguales.
El presidente francés, Emmanuel Macron, ha advertido recientemente que Rusia representa una “amenaza principal” para Europa y que mostrar debilidad sería un error estratégico. En este contexto, el intento de imponer un plan de paz concebido en los salones privados de Miami por hombres de negocios con intereses cruzados ha sido visto con escepticismo por gran parte de Occidente. Mientras Trump insiste en su papel de negociador y lanza ultimátums a Zelenski, la comunidad internacional observa con preocupación cómo avanza una diplomacia paralela que pone en duda los principios fundamentales de la seguridad colectiva.

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