Ábalos en Soto desata caos en el PSOE y pánico en los territorios electoralmente

La irrupción de José Luis Ábalos en la cárcel de Soto del Real, junto a su exasesor Koldo García, ha generado un impacto profundo en el seno del PSOE, especialmente entre las federaciones que se enfrentan a un exigente ciclo electoral en los próximos meses. Las imágenes del exministro y exsecretario de Organización entrando en prisión acusado de cinco delitos —por los que la Fiscalía pide 24 años de cárcel y las acusaciones populares, 30— han exacerbado el nerviosismo interno, en un momento ya de por sí delicado para el partido. Aunque Ábalos fue apartado del PSOE tras la detención de Koldo en febrero de 2024 y oficialmente expulsado en junio de 2025, su figura sigue pesando en la memoria colectiva del partido por su papel clave durante las primarias de 2017 y su ascenso político junto a Pedro Sánchez.

El ingreso en prisión, sumado a las declaraciones posteriores de Ábalos contra Moncloa —incluyendo insinuaciones sobre la influencia de Begoña Gómez en el rescate de Air Europa—, ha forzado al Gobierno y a la dirección federal a cambiar de estrategia. Del tono inicial de desinterés o minimización, se ha pasado a una postura de confrontación directa: “Este partido no se va a dejar chantajear por nadie”, aseguran desde Ferraz. La advertencia se hizo pública a través de voceros como María Jesús Montero, quien rechazó categóricamente lo que calificó como “mentiras y difamaciones” con intención de presión.
Impacto en las federaciones: desánimo y movilización en juego
En Andalucía, donde la secretaria general y vicepresidenta primera del Gobierno, María Jesús Montero, liderará la candidatura en los comicios previstos para junio, la sensación es de retroceso. Hasta hace pocos días, el partido apuntaba a una recuperación, impulsada por dos factores clave: los fallos en los cribados de cáncer de mama y el escándalo de las mascarillas en Almería, que ha dejado en jaque a la cúpula provincial del PP. Sin embargo, la entrada de Ábalos en prisión ha roto esa dinámica positiva.
“Se notaba el cambio en la movilización, se notaba la oportunidad que teníamos con el cribado de cáncer de mama. Y hemos pasado de un vuelco total a un reparo”, confiesa una secretaria provincial del PSOE andaluz. “Ahora estamos un poco noqueados”, añade. En las calles, mientras los militantes recogen firmas en defensa de la sanidad pública, el entusiasmo ha dado paso a un clima de desánimo. “Claro que nos daña. Hay hartazgo, provoca desmovilización. Hace que no se movilice el voto de castigo al PP”, reconoce otro dirigente provincial.
El caso extremo: Extremadura bajo el foco
- En Extremadura, las elecciones se celebrarán el 21 de diciembre, en menos de tres semanas.
- La encuesta del CIS fue un jarro de agua fría: el PSOE pasaría de 28 a entre 19 y 22 escaños, mientras que el PP se mantendría en torno a los 28 y Vox duplicaría su representación.
- El candidato socialista, Miguel Ángel Gallardo, ya enfrenta críticas internas. “La militancia no está movilizada. El candidato no gusta ni a la militancia ni le va a gustar a los extremeños”, asegura una responsable pacense.
- Para muchos, Ábalos causa más daño que Santos Cerdán, el exjefe del aparato caído por un informe de la UCO hace meses: “Era mucho más conocido, y nos va a hacer más daño”.
Ante el panorama, figuras históricas como José Luis Rodríguez Zapatero han entrado en escena para inyectar optimismo. En un acto con Gallardo y Patxi López en Badajoz, el expresidente defendió: “Siempre que llueve, escampa”. Su mensaje iba dirigido a la base: “Los votantes son el espejo del partido”. Su presencia, más allá de lo simbólico, busca transmitir estabilidad y resiliencia en un momento de crisis de imagen.
Castilla y León: posibilidades aún abiertas
En Castilla y León, donde los socialistas encabezados por Carlos Martínez llegaban con opciones reales de ganar al PP tras el desgaste de Mañueco por los incendios, el ánimo también ha decaído. “Hay bajón y tristeza”, admite un miembro de la cúpula autonómica. “No es bueno para la campaña, pero aún hay tiempo”. Aunque se insiste en que la actual dirección del partido no tiene relación con los casos de corrupción, la imagen de Ábalos en la cárcel “es insoportable”, reconoce un entorno directo del candidato.
En este territorio, sin embargo, persiste un cierto grado de esperanza. Se confía en que la campaña, que arrancará tras Reyes, pueda regionalizarse y concentrarse en los errores del gobierno regional. “Esto está muy encapsulado en Ábalos, Koldo y Cerdán. Si hubiera financiación ilegal, estaríamos muertos, pero ahora no hay pálpito”, señalan desde el equipo de Martínez.
Andalucía: entre la expectativa y el desplome
En Andalucía, el temor es que el voto se desplace hacia la abstención. “Es que si se nos va más voto a la abstención, nos mata. Nuestro objetivo es la movilización”, advierte una baronesa provincial. Ante este escenario, no se descarta que Sánchez convoque elecciones generales simultáneas a las autonómicas, una operación que podría elevar la participación —del 55% esperado en comicios regionales al 70% en unos generales— y permitir un efecto arrastre entre el liderazgo nacional y el regional.
“Con una doble cita electoral, uno tira del otro”, apunta un líder provincial. Aún así, en la dirección de Montero insisten en que los problemas del PP andaluz —la sanidad y el caso de corrupción en Almería— siguen siendo oportunidades claves. “Lo de Ábalos es terrible, asqueroso, pero la expulsión fulminante es lo único que tenemos los partidos cuando pasan estas cosas, y nosotros lo hemos hecho. Lo importante es cómo se actúa”, defiende una dirigente cercana a la vicepresidenta.
El partido ha dejado atrás la euforia del inicio del curso político. Hoy, se enfrenta a una sucesión de golpes que han dejado huella en la base y en la cúpula. “Es que, ¿qué no nos afecta?”, se pregunta con resignación un dirigente andaluz. El PSOE, consciente del daño, intenta ahora amortiguar el impacto, convertir el dolor en unidad y prepararse para una ofensiva que no dependa ya del pasado, sino de lo que digan los ciudadanos en las urnas.

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